lunes, 12 de septiembre de 2016

Guanajuato, Mexico.



Viajar es una buena forma de explorarse a sí mismo, experimentar imágenes, sabores, aromas y sensaciones distintas a las que usualmente estamos acostumbrados nos invita en cierto modo a despertar. Claramente lo primero que percatamos son los mapas y circuitos, los puntos de interés turísticos, los alojamientos, restaurantes y tener lindas fotografías; pero superada esa primera instancia del turista relajado, en cada viaje se esconde un manantial de posibilidades de descubrir eso que es obvio pero que por lo general olvidamos: el universo está repleto de lo distinto a mí; por lo que todo lo que soy, lo que veo a diario, las sensaciones que experimento y las personas que frecuento, todo lo que siento naturalmente mío no es más que una diminuta parte de todo lo que es, fue y será. Viajar es una gran manera de poner las cosas y nuestra propia vida en perspectiva.

México es un interesante crisol de sensaciones; sus paisajes costeros de infinitos turquesas, su herencia viviente en centenares de ruinas, su cultura y sus costumbres tan profundamente arraigadas en sus habitantes, son solo algunas de las tantas imágenes que regala. Es un país en el que constantemente interactúan lo viejo y lo nuevo, y a pesar del progreso que la modernidad impone, el mexicano de alguna forma logro amalgamarse para permanecer en sus orígenes.
Una muestra de esta preocupación por la cultura es el programa desarrollado por la secretaria de turismo “Pueblos Mágicos”, donde con el fin de proteger la riqueza cultural de la región e impulsar el turismo interno, se otorgan diversos beneficios a aquellos poblados que mantengan la arquitectura, costumbres, gastronomía y tradiciones de su patrimonio histórico-cultural. Así es como llegamos a Guanajuato, tras una cálida y efusiva bienvenida de nuestros amigos mexicanos: Acintli, Ricardo y la tierna Yolotzin.

Ubicada a unos 385Km de Ciudad de México se erige Guanajuato, una encantadora ciudad de época colonial situada en un pintoresco valle emplazado en medio de las sierras. En el pasado funciono una de las minas de plata más ricas y productivas del mundo. Caminar por esta ciudad es como teletransportarse a una aventura legendaria de hidalgos y caballeros. En la superficie, en sus cientos de callejones empedrados que suben y bajan por la ladera se esconde un aire de europa medieval, que complementan a la perfección con sus plazas arboladas llenas de bares y cafés al aire libre, museos, teatros, mercados y varios monumentos históricos, mientras que una red de túneles subterráneos corre por debajo de la ciudad para ayudar a controlar el flujo del tráfico.

Algunos de los lugares que se pueden visitar son el “Callejón del Beso”, callejón de 68cm de ancho cuya leyenda cuenta que una pareja se dio su último beso de balcón a balcón antes de morir por una daga. El “Mercado de Hidalgo”, originalmente pensado como la estación de ferrocarril este edificio se convirtió en un magnifico mercado donde se pueden encontrar desde frutas, verduras y todo tipo de comestibles hasta ropa y artesanías. Los templos de San Cayetano y De la Compañía de Jesús entre otros. La “Plaza de la Paz” corazón de la ciudad y excelente postal que resume la esencia de este pueblo. El Teatro Juárez y su imponente arquitectura.  Guanajuato es un sorprenderse a cada paso, es para caminar y recorrer lentamente, es una mezcla de viaje nostálgico al pasado pero llamativamente a la vez de una fresca alegría, la música en vivo es una constante que te acompaña en cada recoveco y hace el perfecto escenario para el desfile de familiares y amigos, vestidos todos de gala, que acompañan a los novios camino a su boda, que por supuesto es como presenciar un ritual de película. Para los que no deseen caminar, existe un pintoresco recorrido en bus que no solo pasa por los puntos neurálgicos de la ciudad sino que también recorre algunos de los túneles subterráneos. Si queres tener las mejores fotos de la ciudad deberás ir a visitar el monumento a El Pípila, punto panorámico por excelencia; utilizando como medio de transporte para llegar el Funicular, una especie de ascensor pero sujeto a una vía, que hará de la subida por esas calles tan inclinadas un verdadero placer.





Después de tanta caminata, no hay nada mejor, que sentarse en uno de sus bares para refrescarse con una cerveza artesanal, y para los más valientes que no le temen al picante, porque no una “michelada”: una bebida típica de este país a base de cerveza, jugo de limón, sal y obviamente salsas picantes. (En otro momento hablaremos de la relación entre los mexicanos y el picante, sinceramente es algo que aun hoy me sigue sorprendiendo, y obviamente mi delicado hígado argento no pudo asimilar). Acintli nos dio nuestro primer sorbo de mezcal, una especie de tequila pero que se produce 100% de manera artesanal, lo que hace de su sabor algo incomparable para los entendidos.

Entre sorbos, risas y alegría, llego el anochecer y se acercó el momento, de lo que para mí, fue lo más bonito e inolvidable de este pueblo: “Las Callejoneadas”. Una excelente forma de conocer la ciudad y sus múltiples callejones coloniales, pero con un saber distinto, típico del folclore de la ciudad. Siguiendo a grupos musicales, mayoritariamente con instrumentos de cuerdas y percusión, vestidos con trajes tradicionales del siglo XVII y formados casi siempre por estudiantes, se pasea por la ciudad en un ambiente por demás festivo. La tarifa de la callejoneada, varía de un grupo a otro, pero ronda entre los 5 a 10 USD por persona, y tiene una duración aproximada de 75 a 90 minutos. Por lo general comienzan a las 20.30hs, saliendo el último grupo a las 22hs. Como son varios grupos, y todos van recorriendo la ciudad, cantando y contando historias legendarias, simplemente caminando por la ciudad de alguna manera también se es participe de esta simpática tradición.



En nuestro caso, acercándose las 21.30hs, última salida de Funicular que nos llevaría hasta el auto nos dictaba la retirada, lentamente comenzamos la partida, pero no sin antes hacer una parada en cada esquina, como quien absorto sin saber muy bien en que, desea grabar en cada célula de su cuerpo esas luces que mágicamente se hacían camino entre las arboledas, esa música que rebotaba en cada adoquín, esa brisa que se hacía paso entre los recovecos de cada callejón y acariciaba las paredes coloridas, algo pálidas por la noche, pero igualmente intensas. Entonces, mientras subía el funicular, y en silencio me despedía de Guanajuato, me fue inevitable pensar: “Si así me recibe México, a este viaje ya no le pido más” Curiosamente, el universo recompensa el sentirse agradecido siempre, y desde ese primer día hasta el último en tierras mexicanas solo puedo decir que la escala de gratificaciones se mantuvo en alza.







sábado, 27 de agosto de 2016

Superando limites, expandiendo fronteras.

“Nada es absoluto y todo es relativo” decía Einstein; seguramente que cuando lo pensó nunca imagino que esa gran premisa para el mundo de la física seria el leitmotiv que me traería nuevamente a este loco proyecto mezcla de fascinación por la belleza,  verborragia elocuente y ansias de experimentar el mundo con intensidad. Es cierto que este sería un espacio para narrar y mostrar el sueño de esa nena que mientras miraba un mapa  imaginaba como seria poder recorrer todo su país y plantar bandera en todos los parques nacionales argentinos, si bien aún esa “misión” no está cumplida al ciento por ciento, gran parte fue concretada.
¿Entonces que queda después de cumplir un objetivo? La lógica seria superarlo, disfrutar unos instantes el sabor de meta alcanzada y buscar un nuevo foco donde volcar nuestras expectativas, anhelos y deseos. En eso estuve trabajando todo este tiempo pero mi compleja ambivalencia que pendula entre soltar y permanecer, de alguna manera se las arregla para hacerme volver. Y acá estoy, vuelvo, pero aggiornada, porque lo único que le pido al tiempo es que me permita mutar, transformar, evolucionar; es lo único que necesito para sentir que esto de vivir vale verdaderamente la pena, llenar simplemente un espacio no es suficiente.
Me quede sin crónicas novedosas de parques nacionales, pero qué más da, ahora voy por  historias por el mundo entero, sin límites, fronteras ni etiquetas. Si nada es absoluto, este blog no tiene por qué ser la excepción. Por eso vuelvo, pero distinta. Y no hay manera más apropiada para describir lo que esto significa que usando esta gema de Benedetti :

“Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también


Próximamente: Gemas Mexicanas, dedicada a mis queridas amigas mexicanas Acintli y Yolotzin.




jueves, 17 de marzo de 2016

Parque Nacional Chaco, Chaco.



La naturaleza siempre me da cierta paz, no solo por la quietud evidente que se contrapone con la desesperada aceleración con la que en la ciudad vivimos, sino porque de alguna manera me invita a reflexionar sobre diversidad de temas, incluso mi propia existencia.

Es curioso como los seres humanos necesitamos obtener continuamente sensaciones nuevas para mantener cierto equilibrio existencial, como si la única forma de sostenernos dependiera de que la rutina no nos “coma” y en esta carrera, en la que competimos con desventaja, si no estamos atentos se nos puede consumir toda la vida, siempre sintiéndonos incompletos, como si evolucionar, crecer, cambiar, expandirse solo fuera real bajo cambios drásticamente visibles, instantáneos, absolutos.  Bajo este pensamiento levanto la vista y contemplo la copa del “Quebracho Abuelo”, un ejemplar de quebracho colorado que se erige imponente en ese mismo lugar desde hace más de 200 años; desde su nacimiento, de manera lenta e imperceptible ese árbol fue mutando, con sutileza, hasta llegar a su esplendor.

El parque nacional Chacho, ubicado a unos 130Km de la ciudad de Resistencia, fue creado en 1954 con el fin de proteger alrededor de 15mil hectáreas de Chacho Húmedo y semiárido en la ribera del serpenteante Rio Negro. El paisaje está formado por una variedad de ambientes naturales. Al centro, este y sur del área se extiende el monte fuerte, donde predominan majestuosos ejemplares de quebracho colorado chaqueño, que pueden alcanzar los 15 m de altura y que en algunos sectores forman comunidades casi puras o quebrachales. En el área conviven dos tipo de  quebrachos colorados, el chaqueño y  el santiagueño, se pueden diferenciar fácilmente por sus hojas, el primero tiene hojas simples mientras que el segundo tiene hojas compuestas.


Además de quebrachos en el parque podemos encontrar galerías de bosques, pantanos, praderas – algunas de ellas cubiertas por palmas caranday y pindo – matorrales, lagunas y montes de quebracho colorado y blanco, lapacho, guayacán y algarrobo.

Tanto la flora como la fauna son abundantes. Muchos animales son fácilmente visibles aquí, como el bullicioso mono carayá, tortugas acuáticas, yacaré overo, zorro de monte, carpincho y gran variedad de aves. Para dar una idea de la elevada diversidad del Parque por ejemplo, en el caso de las aves, se han contabilizado 353 especies diferentes, que se pueden avistar desde los miradores. Asimismo, este Parque Nacional es refugio de especies amenazadas como el oso hormiguero grande, el lobito de río, el aguará guazú y el tapir, entre otras.

Las actividades que pueden realizarse son:
    ü  Centro de Interpretación (en el Área Operativa).
    ü  Sendero Peatonal del Río Negro (junto el Área Operativa).
    ü  Lagunas Carpincho y Yacaré (a 5/7km, por sendero vehicular).
    ü  Ralera de Quebrachos (a 4/5 km, por sendero vehicular).
    ü  Laguna Panza de Cabra (a 11 km, por sendero vehicular).
   ü  Sendero Peatonal del Río Negro sendero autoguiado de 40 minutos de duración de baja dificultad.
    ü  Sendero de Las Lagunas Carpincho y Yacaré, recorrido de 7 Km, por senda vehicular atravesando porciones de “monte fuerte o alto”.A pie se arriba a los miradores.
    ü  Sendero de la Ralera recorrido de 5 km, por un bosque puro de quebrachos colorados finalizando con un mirador en zona de 
     palmar-pastizal.
    ü  Área de picnic diurno Panza de Cabra a 9 Km, del centro 
    operativo, con mesas fogones y un mirador.
Estos senderos se pueden recorrer a pie, en vehículo o en 
bicicletas, únicamente con guías habilitados.




Por ultimo hay una cosa que hay en abundancia dentro del parque, y son los molestos mosquitos, por su clima de altas temperaturas y mucha humedad, este lugar es una cuna de oro para estos insectos, que durante nuestra visita nos acosaron casi sin descanso. Como consejo personal, es fundamental ir preparado, no solo con mucho repelente y ropa que cubra lo más posible el cuerpo, sino también mentalmente para soportarlo puesto que la cantidad de mosquitos realmente puede ser abrumadora. De hecho como anécdota, el motivo por el cual no tengo muchas imágenes de este lugar, es porque realmente mantenerme quieta más de 1 segundo para tomar una foto era insoportable, por lo que sepan disculpar pero en esta oportunidad las fotos bellas se las debo.









jueves, 7 de enero de 2016

Parque Nacional Mburucuyá, Corrientes.



Existe una relación entre los seres humanos y el ambiente en el que viven. Es curioso cómo nos vamos mimetizando con las cosas con las que estamos conectados a diario a tal punto que llegamos a convencernos de que somos eso que experimentamos en el día a día.  Mi verdad, al menos la que hasta ahora descubrí, es que no somos de una única forma, sino que solemos mutar algunos aspectos de acuerdo al lugar y personas con las que nos relacionemos; nuestra esencia es la misma, claro está, pero de alguna forma nos vamos adaptando como un medio de subsistencia. Por eso, si esta en tus posibilidades, procura rodearte lo más que puedas de gente buena, sabia, pacifica, intensa, que valora más alegría que el drama, la ira o la queja; algún día observaras que en tus reacciones, como por osmosis, fuiste absorbiendo algo de ellas.


El Mburucuyá es un arbusto trepador que da una bella flor conocida también como pasionaria. Esta flor tan singular, se cierra como si se marchitara al ponerse el sol, y se abre cobrando su brillo natural cuando amanece; no solo es extravagante sino que está relacionada a muchísimas leyendas, una de ellas cuenta que los jesuitas identificaban esta flor con los atributos de la pasión cristiana: la corona de espinas, los tres clavos, las cinco llagas y las cuerdas con que ataron al Jesús en el Calvario, y en los rojos e irregulares frutos, los religiosos creyeron ver las gotas coaguladas de la sangre de Cristo. Tal vez sea por esas ideas que fueron nutriendo los jesuitas que caminar por la plaza del pueblo de Mburucuyá, al noroeste de la provincia de Corrientes, es una muestra clara de lo importante del culto religioso para las personas que allí habitan. Durante los dos días que allí estuvimos creo haber escuchado las campanas de llamado a misa casi cada hora de manera ininterrumpida; de esas campanadas y las naranjas que brotan en una abundancia descomunal a tal punto de ser su destino pudrirse en el suelo, jamás me voy a olvidar.




Y como símbolo de este ambiente exuberante pero a la vez tradicional se encuentra a poco kilómetros el Parque Nacional Mburucuyá. Originariamente tierras del abogado y apasionado naturalista danés, Troels Pedersen, quien dono estas tierras a la nación con el fin de su protección debido a su alta biodiversidad en donde se da la confluencia de tres regiones: la chaqueña, el espinal y la selva paranaense.
Llama la atención en este parque la gran cantidad de lagunas circulares que posee, típicas de esta zona del país, y que junto a esteros y cañadas, constituyen una abundante oferta de ambientes acuáticos. Junto a ellas, hermosos pastizales naturales con palmares de yatay (Butia yatay), representante del espinal, cuya distribución original se ha reducido drásticamente debido a la expansión de la frontera agrícola. El parque además posee mogotes boscosos (isletas de monte en medio del pastizal) con especies paranaenses como el lapacho, el timbó, el laurel o la palmera pindó. Pero también hay bosques chaqueños con quebrachos colorados, chaqueño y blanco, urunday y viraró.

La fauna es abundante y de fácil observación. Carpinchos, zorros de monte, corzuelas, yacarés, aguará popé son algunos de los más vistos. Pero en el Parque también viven otros más difíciles de ver, amenazados de extinción como el aguará guazú o el ciervo de los pantanos.
Las aves, también abundantes, especialmente las propias de ambientes acuáticos. También hay amenazadas aves de pastizal como el yetapá de collar o la monjita dominicana. Entre sus rarezas se destaca la presencia del pez pulmonado Lepidosiren paradoxa, que posee una adaptación muy poco común para un pez, la respiración aérea, que le permite sobrevivir a períodos de sequía. Y como endemismo de la región la presencia de la ranita de Pedersen (Argenteohyla siemersi pederseni) que habita en los bosques de tipo xerófilo del parque.
El parque cuenta con una muy buena infraestructura, manteniendo sus edificios originarios de estancia con aire colonial; cuenta con un campamento agreste, dotado de agua potable, mesadas, fogones y sanitarios y  durante su visita se pueden recorrer:

·             - Casco de la Estancia Santa Teresa.
·            - Sendero Pedestre Che Roga (1,5 km; autoguiado con cartelería), donde pueden observarse diversos arboles distribuidos en forma de galería con unas raíces y formas bastante caprichosas.
·      - Sendero Pedestre Yatay (6 km). tiene su ingreso a un poco más desde el cartel de entrada o bienvenida al Parque, y a traves de este recorrido de aproximadamente 2 horas entre ida y vuelta, puede observarse grandes extensiones de bosques de Yatay y hormigueros de la altura de seres humanos.
·            - Estero de Santa Lucía, se encuentra al final del sendero Yatay y es un regalo y premio al esfuerzo de la caminada brindando unas bellísimas vistas y sobre todo un deleite para las oídos entre tantos sonidos que da la naturaleza.

 















domingo, 25 de octubre de 2015

Parque Nacional Copo, Santiago del Estero.



Es irónico como es que hay ideas que están arraigadas en nosotros y sin embargo no podemos recordar cuando surgieron. Mi vida está repleta de momentos olvidados, de esos que cuando los estás viviendo pensas: “esto es un antes y un después”  y con el tiempo y la suma de miles de recuerdos se van barajando las cartas nuevamente y ese recuerdo especial  que fue tan intensamente nítido queda permanentemente fuera de foco. No te olvidas de todo, la idea principal queda, solo que ya no recordas los detalles que hicieron que ese designio apareciera.

Es así como hoy no recuerdo el día en que pensé “ yo quiero conocer todos los parques nacionales de argentina”, sé que era una nena a la que el mundo le parecía un lugar inmenso y que esa percepción aumentaba cada día en que en la escuela, tele, revista o en el relato de algún viajante conocía algún dato de cualquier lugar… pero porque los parques nacionales, porque argentina… quien sabe.

Dicen que la curiosidad mato al gato… y acá estoy yo, con el fin de saciar mi curiosidad y cumplir mi designio en uno de los lugares más inhóspitos, solitarios y hasta te podría decir “sosos” turísticamente hablando que vi en Argentina. Sé que no te estoy tentando para que sigas leyendo y menos para que vayas a conocerlo, pero honestamente este lugar no está hecho para el turismo bajo ningún concepto.

El Parque Nacional Copo, ubicado en el noroeste de la provincia de Santiago del Estero, en Pampa de Los Guanacos, fue creado primordialmente con el fin de proteger de la tala indiscriminada al quebracho colorado santiagueño y con ella al yaguarete, tatú carreta, chancho quimilero y oso hormiguero grande, especies todas en peligro de extinción, que habitan estos bosques.

Por su clima subtropical cálido con estación seca y gran amplitud térmica no es recomendable visitar en verano, puesto que las temperaturas máximas en esta época pueden llegar a superar los 50°. A estas altas temperaturas y las lluvias estacionarias, se le suma que esta área carece totalmente de cursos de agua, por lo que es un ambiente extremamente seco.


Además de la sequedad, debemos agregar que el lugar no cuenta con servicios ni infraestructura para el visitante, teniendo apenas un pequeño sendero para recorrer en un caminata de un poco más de 40 min ida y vuelta y un lugar libre disponible para aquellos osados que quieran acampar. Es un territorio muy poco explorado, y según nos contaba el guardaparques escasamente reciben visitantes; por lo que si sobra en este lugar es soledad y silencio.

Copo podría describirse como una interminable extensión de pastizales bajos, entrecortada por montes y bosques silvestres, incluyendo también algunas especies de cactáceas y otros arbustos ralos. En lo acotado de su recorrido es difícil poder observar algún animal, y la quietud del lugar irónicamente puede resultar apabullante. Que tiene de atractivo entonces, te estarás preguntando?


Para mí lo es su historia. Anteriormente los quebrachales ocupaban cerca de diez millones de hectáreas, el 83,5% de las tierras santiagueñas. Hoy, sin exagerar, más de la mitad de ese patrimonio forestal ha sido destruido, y el estado de la mitad restante se encuentra en distintas condiciones de uso y aprovechamiento.



Sin embargo, el quebracho colorado santiagueño aún sigue siendo el árbol emblemático de la ecorregión chaqueña, que predomina en los montes de Copo. Sus magníficos ejemplares, de gran porte y tronco recto, poseen una madera muy dura y pesada, que tradicionalmente fue utilizada para hacer los durmientes del ferrocarril y extraer el tanino con el que se curten cueros, además de servir para fabricar postes y carbón.
Las distintas etapas de desarrollo poblacional y económico del país, hicieron que los territorios vírgenes del bosque santiagueño fuesen talados y quemados, con el fin de asentar nuevas poblaciones y adaptar las tierras para la agricultura y la ganadería. Así la desmesurada extracción combinada con la acción del ganado, provocaron el casi irreversible empobrecimiento de los bosques silvestres, que no pueden regenerarse de forma natural.


Las paradojas del desarrollo: mientras que el ferrocarril y la ganadería surgían como una fuente de progreso, por otro lado la riqueza natural se vio disminuida perdiendo miles de hectáreas de bosques y con ellas los beneficios que la naturaleza aporta necesariamente para hacer posible nuestra vida.

Hoy, el Parque Nacional Copo es el único lugar de Santiago del Estero que no ha sufrido tala rasa de árboles. Y es por ello que sus quebrachales constituyen una de las pocas oportunidades actuales para conocer y apreciar el bosque chaqueño semejante a los que existían antes de que los hombres deseáramos más el progreso que a la vida.



sábado, 26 de septiembre de 2015

Parque Nacional Rio Pilcomayo, Formosa.



Siempre fui ridículamente inconstante con casi todo en mi vida, nada diría que me atrajo lo suficiente para mantenerme fascinada por mucho tiempo. Sin embargo algo se mantuvo intacto dentro de mis “inquietudes”: la búsqueda de la belleza.

La belleza, como ese algo puro que existe porque si,  sin pretensiones, exigencias o imposición de reglas;  como la reacción de completa satisfacción que se manifiesta, natural y espontáneamente, cuando experimentamos algo a través de los sentidos.  Es ese momento sublime donde te das cuenta que eso que estás viendo, tocando, oyendo, o sintiendo de alguna manera te estremece, te conmueve, te hace vibrar transformándose en liberadora alegría. 
Con los años, y algo de entrenamiento, el captar la belleza termina siendo algo tan involuntario como respirar, por lo que no es necesario grandes escenarios o situaciones para encontrarla. Lo mejor del paso del tiempo hasta ahora es que descubrí que la belleza no reside en las cosas sino en la sensibilidad del que la experimenta.


Formosa es una provincia que no suele ser destino elegido por la mayoría de los turistas en nuestro país, es un hecho factico irrefutable. Sin embargo, hay algo atractivo en sus paisajes que no se bien como describir; es como simple y exuberante a la vez, como algo que no pretende ser lo mejor en tu vida, y de alguna forma sin saber porque te conquista.




El Parque Nacional Río Pilcomayo, ubicado al noreste de la provincia, limitante en su parte norte con la República del Paraguay, es uno de esos lugares donde todo es tan quieto y calmo que ineludiblemente logras silenciar los fantasmas de la mente. Con su paisaje característico de extensos pastizales con palmares de caranday, de hasta 14 mts. de alto, que albergan isletas de montes y esteros con vegetación flotante.


De clima subtropical húmedo con estación seca y temperaturas que en el verano pueden superar los 40°, es recomendable para visitar en otoño o primavera. Como no es de fácil acceso hay que tener la precaución de corroborar las precipitaciones puesto que suele inundarse con grandes lluvias.

La variada fauna del área, común en gran parte del litoral argentino, incluye entre las más importantes a yacarés, la boa curiyú, el mono carayá, murciélagos pescadores, carpincho, aguara popé, coatí, tapir, puma, zorro de monte, lobito de río, ocelote y otras figuritas difíciles de encontrar como el tapir, el aguará guazú y el oso hormiguero grande. También hay más de 324 especies de aves, vinculadas con el ambiente de humedales, lo que llevo en 1992 a declararse como  sitio ramsar de alta importancia de conservación a nivel internacional.

Debido a su gran extensión y hay dos vías de acceso posibles, en donde pueden realizarse las siguientes actividades:
Área recreativa Estero Poí: ( de acceso intransitable en época de lluvias)
• 2 senderos pedestres autoguiados a través de folletería
• Sendero vehicular de 16 km.
• Torre mirador al Estero Catalina.
• Observatorio de aves del Bañado Pirity.
• Mirador al Río Pilcomayo.
Área recreativa Laguna Blanca:
• Muelles y torre de observación de la laguna.
• Sendero pedestre de interpretación.
• Vivero de árboles nativos.
• Se permiten actividades con embarcaciones sin motor.

En ambas áreas recreativas, Laguna Blanca y Estero Poí, hay parrillas, mesas y sillas para picnic y asados, sanitarios y un campamento con agua tratada (no potable), duchas, iluminación nocturna, botiquín, comunicación, vehículo para emergencias y asistencia de guardaparques. La infraestructura del lugar es muy buena para que puedan disfrutar los amantes de la naturaleza.

Desde Laguna Blanca se accede a pasarelas de madera que aproximan a los márgenes de la laguna, donde las posibilidades de avistar aves y sacar buenas fotos son grandes. También aquí es común ver yacarés que asoman, cautelosos, su hocico y sus ojos entre las aguas, o que están tomando sol entre la vegetación flotante de la laguna.

También hay un mangrullo que brinda una hermosa vista panorámica de la laguna y los ambientes que la circundan, como guajozales, totorales y las isletas de bosque que se presentan como manchas verdosas salpicadas de tanto en tanto por palmares de caranday. Según dicen es aconsejable ver, desde este lugar, los espectaculares atardeceres rojizos cuyas fotografías se difunden en folletos y publicaciones. Lamentablemente el día que fuimos estaba empecinadamente nublado por lo que me quede con las ganas de tomar mi propia postal de un atardecer perfecto.

En tal caso, con los años aprendí a disfrutar a pesar de, porque no existen ideales mas que el que nosotros mismos nos imponemos. Por lo que a pesar de la lluvia, o tal vez gracias a ella, ese día pude apreciar los verdes mas intensos y frescos, la sutilidad que da la luz pareja de un día nublado y sobre todo la ligereza que da avanzar sin ningún sentido prestablecido, teniendo como brújula lo que tus propios instintos desean.













lunes, 24 de agosto de 2015

Los Esteros del Ibera, Corrientes.


Las cosas pocas veces resultan como imaginamos en primera instancia. Sera porque siempre deseamos lo que no tenemos o porque en realidad lo único que nos impulsa irónicamente es sentirnos de alguna manera desilusionados. La verdad es que no lo sé, por lo general toda mi vida tuve más preguntas que respuestas, por lo que hoy no saber no es novedad; pero si hay algo distinto, no sé cómo describirlo, más bien es una forma suave y sutil de palpar la realidad, como que de pronto, después de tanto cachetazo, un día desperté y mi cerebro entendió que la sonrisa que pueda esbozar hoy no depende de si alcanzo o no alguna “zanahoria” nueva o si se vuelve realidad algún sueño imposible toda la vida; no nada de eso, la “felicidad” como que con los años se me volvió más simple y palpable, tan sutil que mi yo anterior jamás la hubiera percibido puesto que estaba distraída con cosas grandemente absurdas pero tan adosadas a mí que eran una verdad irrefutable.

Algunas de estas ideas y muchas más surgen cuando estas parado en medio de una pequeña embarcación en medio de la laguna Ibera hipnotizado con un majestuoso degrade de tonos  rojizos y anaranjados mientras que como suaves ecos se oye por doquier el canto de centenares de aves acoplados sinfónicamente. Y es que rodeado de un ambiente tan pacífico y a la vez salvaje los sentidos se agudizan al extremo y podes percibir cosas que en medio de la vorágine de la ciudad te pasan por al lado sin siquiera saberlo.

Los Esteros del Ibera, es una de las reservas naturales más importantes de la Argentina, si bien no es un parque nacional por temas políticos entre nación y provincia, este lugar tiene una gran riqueza natural, que vale la pena descubrir y sobre todo preservar.

Ubicada en la provincia de corrientes, los esteros comprenden un extenso humedal de dimensiones magnificas, en donde conviven 4000 especies diversas de animales en estado salvaje. Nunca tuve la oportunidad de ir a un zafari en África, por lo que no puedo hacer comparaciones, pero para los amantes del avistaje de fauna, Ibera es sin lugar a dudas la mejor opción dentro de Argentina.



Desde yacarés y carpinchos, que los vez cuan perros en la ciudad, a ciervos de pantano, aguara popes, tatus, zorros y zorrinos, monos carayas, gatos montes, corzuelas, vizcachas, boas, yararás, serpientes corales y cascabel, hasta yaguaretés y osos hormigueros, en peligro de extensión. Entre las aves fácilmente pueden encontrarse más de 350 distintas especies destacándose entre las más importantes el Cardenal amarillo, Chinchero grande, Cacholote castaño, leñatero, Crestudo, Curutie blanco, Monjita blanca, Angú, Halconcito colorado, Águila coronada , Capuchino canela-castaño-gris y pecho blanco, Coludo chico y grande, Tachuri canela, Yetapa de collar, Yetapa grande, monjita dominica, Jabirú , lavanderas, burritos, garzas moras, cigueñas y biguás.  



¿Te cansaste de leer? Te aseguro que no te cansas de mirarlos, estar ahí es como una gran fiesta donde expectante aguardas a los invitados que nunca terminan de llegar; no te dan los ojos para mirar tantos animales juntos.


Y esto no acaba aquí, porque más allá de los animales que vemos, debajo de la superficie, camuflados entre camalotes, amapolas de agua, achiras y juncos,  coexiste un gran ecosistema acuático en donde se destacan dorados, sábalos, mojarras y temidas pirañas. Por estas últimas es que no habitual ver personas nadar en la laguna, aunque algunos lugareños valientes, en los días de mucho calor, se animan a un chapuzón estratégico.

La laguna de Ibera, que en guaraní significa agua que brilla, resplandece durante la aurora y el atardecer. Esta peculiaridad se debe a la quietud propia de su sistema cerrado, sin corrientes fluviales, que se quiebra con la brisa producida por el cambio de temperatura entre la superficie terrestre y el agua de los esteros, provocando un movimiento superficial que refleja la luz solar crepuscular hipnotizando a quien pose sus ojos sobre ella.


Además de la increíble flora, fauna y de sus aguas destellantes, los Esteros esconden otro encanto, no menor para los bichos de ciudad como yo: Colonia Pellegrini. Esta pequeña localidad tiene la particularidad de estar rodeada por la laguna, esta condición de aislamiento le da un aura de tranquilidad pacifica sin igual, lo que combinado a su condición agreste lo transforma en un ambiente ideal para descansar y disfrutar con todos los sentidos. Calles de arena y ranchos de adobe, rodeados de exuberante vegetación. La gente saluda, aunque seas un extraño, y los vecinos se ayudan como un acto absolutamente natural. Al caer el sol aparecen como enjambres miles de luciérnagas que se funden con las estrellas, convirtiéndose en una invitación irresistible para aventurarse a una caminata; entre el silencio se escuchan los grillos que cada tanto se funden con las risas y cantos de niños y jóvenes que a pesar de la oscuridad andan por la calle sin temor; después del primer día, reconozco que creí estar inmersa en un lugar donde la “maldad” parecía no existir.

El turista tiene amplias opciones para alojarse, existen varios complejos turísticos en las más diversas gamas de precios y también de lujos. La mayoría ofrecen paquetes donde incluyen además de alojamiento algunas excursiones. Nobleza obliga recomendar a la Posada Yacaré, que tal vez no sea la más lujosa, pero ofrece una excelente relación precio-confort y es atendida por Renzo y su familia, quienes no mezquinan ni por un segundo en cordialidad y buena onda. Para comer las opciones son acotadas, dependiendo la época, pero todo el año se mantienen abiertos el comedor de “Don Marcos”, que ofrece platos del día muy sabroso y  el restaurant “Yacaru Pora” para los que les gustan contar con mayor opción de platos.

Las opciones para el turista son varias: paseos en canoa o lancha, avistaje de fauna, zafaris fotográficos, paseos nocturnos, alquiler de bicicletas y las cabalgatas más emocionantes por la laguna con Dardo, de Ñande Ru, que no solo ofrece un divertido paseo sino que además suma con su increíble carisma.



No es que exagere, pero realmente lo único negativo de mi visita por este lugar, fueron los mosquitos al atardecer que a pesar del repelente igual dan batalla. Por el resto debo reconocer que los Esteros del Ibera superaron ampliamente mis expectativas ponderándose en mi ranking personal como uno de los lugares más interesantes de Argentina.