jueves, 17 de marzo de 2016

Parque Nacional Chaco, Chaco.



La naturaleza siempre me da cierta paz, no solo por la quietud evidente que se contrapone con la desesperada aceleración con la que en la ciudad vivimos, sino porque de alguna manera me invita a reflexionar sobre diversidad de temas, incluso mi propia existencia.

Es curioso como los seres humanos necesitamos obtener continuamente sensaciones nuevas para mantener cierto equilibrio existencial, como si la única forma de sostenernos dependiera de que la rutina no nos “coma” y en esta carrera, en la que competimos con desventaja, si no estamos atentos se nos puede consumir toda la vida, siempre sintiéndonos incompletos, como si evolucionar, crecer, cambiar, expandirse solo fuera real bajo cambios drásticamente visibles, instantáneos, absolutos.  Bajo este pensamiento levanto la vista y contemplo la copa del “Quebracho Abuelo”, un ejemplar de quebracho colorado que se erige imponente en ese mismo lugar desde hace más de 200 años; desde su nacimiento, de manera lenta e imperceptible ese árbol fue mutando, con sutileza, hasta llegar a su esplendor.

El parque nacional Chacho, ubicado a unos 130Km de la ciudad de Resistencia, fue creado en 1954 con el fin de proteger alrededor de 15mil hectáreas de Chacho Húmedo y semiárido en la ribera del serpenteante Rio Negro. El paisaje está formado por una variedad de ambientes naturales. Al centro, este y sur del área se extiende el monte fuerte, donde predominan majestuosos ejemplares de quebracho colorado chaqueño, que pueden alcanzar los 15 m de altura y que en algunos sectores forman comunidades casi puras o quebrachales. En el área conviven dos tipo de  quebrachos colorados, el chaqueño y  el santiagueño, se pueden diferenciar fácilmente por sus hojas, el primero tiene hojas simples mientras que el segundo tiene hojas compuestas.


Además de quebrachos en el parque podemos encontrar galerías de bosques, pantanos, praderas – algunas de ellas cubiertas por palmas caranday y pindo – matorrales, lagunas y montes de quebracho colorado y blanco, lapacho, guayacán y algarrobo.

Tanto la flora como la fauna son abundantes. Muchos animales son fácilmente visibles aquí, como el bullicioso mono carayá, tortugas acuáticas, yacaré overo, zorro de monte, carpincho y gran variedad de aves. Para dar una idea de la elevada diversidad del Parque por ejemplo, en el caso de las aves, se han contabilizado 353 especies diferentes, que se pueden avistar desde los miradores. Asimismo, este Parque Nacional es refugio de especies amenazadas como el oso hormiguero grande, el lobito de río, el aguará guazú y el tapir, entre otras.

Las actividades que pueden realizarse son:
    ü  Centro de Interpretación (en el Área Operativa).
    ü  Sendero Peatonal del Río Negro (junto el Área Operativa).
    ü  Lagunas Carpincho y Yacaré (a 5/7km, por sendero vehicular).
    ü  Ralera de Quebrachos (a 4/5 km, por sendero vehicular).
    ü  Laguna Panza de Cabra (a 11 km, por sendero vehicular).
   ü  Sendero Peatonal del Río Negro sendero autoguiado de 40 minutos de duración de baja dificultad.
    ü  Sendero de Las Lagunas Carpincho y Yacaré, recorrido de 7 Km, por senda vehicular atravesando porciones de “monte fuerte o alto”.A pie se arriba a los miradores.
    ü  Sendero de la Ralera recorrido de 5 km, por un bosque puro de quebrachos colorados finalizando con un mirador en zona de 
     palmar-pastizal.
    ü  Área de picnic diurno Panza de Cabra a 9 Km, del centro 
    operativo, con mesas fogones y un mirador.
Estos senderos se pueden recorrer a pie, en vehículo o en 
bicicletas, únicamente con guías habilitados.




Por ultimo hay una cosa que hay en abundancia dentro del parque, y son los molestos mosquitos, por su clima de altas temperaturas y mucha humedad, este lugar es una cuna de oro para estos insectos, que durante nuestra visita nos acosaron casi sin descanso. Como consejo personal, es fundamental ir preparado, no solo con mucho repelente y ropa que cubra lo más posible el cuerpo, sino también mentalmente para soportarlo puesto que la cantidad de mosquitos realmente puede ser abrumadora. De hecho como anécdota, el motivo por el cual no tengo muchas imágenes de este lugar, es porque realmente mantenerme quieta más de 1 segundo para tomar una foto era insoportable, por lo que sepan disculpar pero en esta oportunidad las fotos bellas se las debo.









jueves, 7 de enero de 2016

Parque Nacional Mburucuyá, Corrientes.



Existe una relación entre los seres humanos y el ambiente en el que viven. Es curioso cómo nos vamos mimetizando con las cosas con las que estamos conectados a diario a tal punto que llegamos a convencernos de que somos eso que experimentamos en el día a día.  Mi verdad, al menos la que hasta ahora descubrí, es que no somos de una única forma, sino que solemos mutar algunos aspectos de acuerdo al lugar y personas con las que nos relacionemos; nuestra esencia es la misma, claro está, pero de alguna forma nos vamos adaptando como un medio de subsistencia. Por eso, si esta en tus posibilidades, procura rodearte lo más que puedas de gente buena, sabia, pacifica, intensa, que valora más alegría que el drama, la ira o la queja; algún día observaras que en tus reacciones, como por osmosis, fuiste absorbiendo algo de ellas.


El Mburucuyá es un arbusto trepador que da una bella flor conocida también como pasionaria. Esta flor tan singular, se cierra como si se marchitara al ponerse el sol, y se abre cobrando su brillo natural cuando amanece; no solo es extravagante sino que está relacionada a muchísimas leyendas, una de ellas cuenta que los jesuitas identificaban esta flor con los atributos de la pasión cristiana: la corona de espinas, los tres clavos, las cinco llagas y las cuerdas con que ataron al Jesús en el Calvario, y en los rojos e irregulares frutos, los religiosos creyeron ver las gotas coaguladas de la sangre de Cristo. Tal vez sea por esas ideas que fueron nutriendo los jesuitas que caminar por la plaza del pueblo de Mburucuyá, al noroeste de la provincia de Corrientes, es una muestra clara de lo importante del culto religioso para las personas que allí habitan. Durante los dos días que allí estuvimos creo haber escuchado las campanas de llamado a misa casi cada hora de manera ininterrumpida; de esas campanadas y las naranjas que brotan en una abundancia descomunal a tal punto de ser su destino pudrirse en el suelo, jamás me voy a olvidar.




Y como símbolo de este ambiente exuberante pero a la vez tradicional se encuentra a poco kilómetros el Parque Nacional Mburucuyá. Originariamente tierras del abogado y apasionado naturalista danés, Troels Pedersen, quien dono estas tierras a la nación con el fin de su protección debido a su alta biodiversidad en donde se da la confluencia de tres regiones: la chaqueña, el espinal y la selva paranaense.
Llama la atención en este parque la gran cantidad de lagunas circulares que posee, típicas de esta zona del país, y que junto a esteros y cañadas, constituyen una abundante oferta de ambientes acuáticos. Junto a ellas, hermosos pastizales naturales con palmares de yatay (Butia yatay), representante del espinal, cuya distribución original se ha reducido drásticamente debido a la expansión de la frontera agrícola. El parque además posee mogotes boscosos (isletas de monte en medio del pastizal) con especies paranaenses como el lapacho, el timbó, el laurel o la palmera pindó. Pero también hay bosques chaqueños con quebrachos colorados, chaqueño y blanco, urunday y viraró.

La fauna es abundante y de fácil observación. Carpinchos, zorros de monte, corzuelas, yacarés, aguará popé son algunos de los más vistos. Pero en el Parque también viven otros más difíciles de ver, amenazados de extinción como el aguará guazú o el ciervo de los pantanos.
Las aves, también abundantes, especialmente las propias de ambientes acuáticos. También hay amenazadas aves de pastizal como el yetapá de collar o la monjita dominicana. Entre sus rarezas se destaca la presencia del pez pulmonado Lepidosiren paradoxa, que posee una adaptación muy poco común para un pez, la respiración aérea, que le permite sobrevivir a períodos de sequía. Y como endemismo de la región la presencia de la ranita de Pedersen (Argenteohyla siemersi pederseni) que habita en los bosques de tipo xerófilo del parque.
El parque cuenta con una muy buena infraestructura, manteniendo sus edificios originarios de estancia con aire colonial; cuenta con un campamento agreste, dotado de agua potable, mesadas, fogones y sanitarios y  durante su visita se pueden recorrer:

·             - Casco de la Estancia Santa Teresa.
·            - Sendero Pedestre Che Roga (1,5 km; autoguiado con cartelería), donde pueden observarse diversos arboles distribuidos en forma de galería con unas raíces y formas bastante caprichosas.
·      - Sendero Pedestre Yatay (6 km). tiene su ingreso a un poco más desde el cartel de entrada o bienvenida al Parque, y a traves de este recorrido de aproximadamente 2 horas entre ida y vuelta, puede observarse grandes extensiones de bosques de Yatay y hormigueros de la altura de seres humanos.
·            - Estero de Santa Lucía, se encuentra al final del sendero Yatay y es un regalo y premio al esfuerzo de la caminada brindando unas bellísimas vistas y sobre todo un deleite para las oídos entre tantos sonidos que da la naturaleza.

 















domingo, 25 de octubre de 2015

Parque Nacional Copo, Santiago del Estero.



Es irónico como es que hay ideas que están arraigadas en nosotros y sin embargo no podemos recordar cuando surgieron. Mi vida está repleta de momentos olvidados, de esos que cuando los estás viviendo pensas: “esto es un antes y un después”  y con el tiempo y la suma de miles de recuerdos se van barajando las cartas nuevamente y ese recuerdo especial  que fue tan intensamente nítido queda permanentemente fuera de foco. No te olvidas de todo, la idea principal queda, solo que ya no recordas los detalles que hicieron que ese designio apareciera.

Es así como hoy no recuerdo el día en que pensé “ yo quiero conocer todos los parques nacionales de argentina”, sé que era una nena a la que el mundo le parecía un lugar inmenso y que esa percepción aumentaba cada día en que en la escuela, tele, revista o en el relato de algún viajante conocía algún dato de cualquier lugar… pero porque los parques nacionales, porque argentina… quien sabe.

Dicen que la curiosidad mato al gato… y acá estoy yo, con el fin de saciar mi curiosidad y cumplir mi designio en uno de los lugares más inhóspitos, solitarios y hasta te podría decir “sosos” turísticamente hablando que vi en Argentina. Sé que no te estoy tentando para que sigas leyendo y menos para que vayas a conocerlo, pero honestamente este lugar no está hecho para el turismo bajo ningún concepto.

El Parque Nacional Copo, ubicado en el noroeste de la provincia de Santiago del Estero, en Pampa de Los Guanacos, fue creado primordialmente con el fin de proteger de la tala indiscriminada al quebracho colorado santiagueño y con ella al yaguarete, tatú carreta, chancho quimilero y oso hormiguero grande, especies todas en peligro de extinción, que habitan estos bosques.

Por su clima subtropical cálido con estación seca y gran amplitud térmica no es recomendable visitar en verano, puesto que las temperaturas máximas en esta época pueden llegar a superar los 50°. A estas altas temperaturas y las lluvias estacionarias, se le suma que esta área carece totalmente de cursos de agua, por lo que es un ambiente extremamente seco.


Además de la sequedad, debemos agregar que el lugar no cuenta con servicios ni infraestructura para el visitante, teniendo apenas un pequeño sendero para recorrer en un caminata de un poco más de 40 min ida y vuelta y un lugar libre disponible para aquellos osados que quieran acampar. Es un territorio muy poco explorado, y según nos contaba el guardaparques escasamente reciben visitantes; por lo que si sobra en este lugar es soledad y silencio.

Copo podría describirse como una interminable extensión de pastizales bajos, entrecortada por montes y bosques silvestres, incluyendo también algunas especies de cactáceas y otros arbustos ralos. En lo acotado de su recorrido es difícil poder observar algún animal, y la quietud del lugar irónicamente puede resultar apabullante. Que tiene de atractivo entonces, te estarás preguntando?


Para mí lo es su historia. Anteriormente los quebrachales ocupaban cerca de diez millones de hectáreas, el 83,5% de las tierras santiagueñas. Hoy, sin exagerar, más de la mitad de ese patrimonio forestal ha sido destruido, y el estado de la mitad restante se encuentra en distintas condiciones de uso y aprovechamiento.



Sin embargo, el quebracho colorado santiagueño aún sigue siendo el árbol emblemático de la ecorregión chaqueña, que predomina en los montes de Copo. Sus magníficos ejemplares, de gran porte y tronco recto, poseen una madera muy dura y pesada, que tradicionalmente fue utilizada para hacer los durmientes del ferrocarril y extraer el tanino con el que se curten cueros, además de servir para fabricar postes y carbón.
Las distintas etapas de desarrollo poblacional y económico del país, hicieron que los territorios vírgenes del bosque santiagueño fuesen talados y quemados, con el fin de asentar nuevas poblaciones y adaptar las tierras para la agricultura y la ganadería. Así la desmesurada extracción combinada con la acción del ganado, provocaron el casi irreversible empobrecimiento de los bosques silvestres, que no pueden regenerarse de forma natural.


Las paradojas del desarrollo: mientras que el ferrocarril y la ganadería surgían como una fuente de progreso, por otro lado la riqueza natural se vio disminuida perdiendo miles de hectáreas de bosques y con ellas los beneficios que la naturaleza aporta necesariamente para hacer posible nuestra vida.

Hoy, el Parque Nacional Copo es el único lugar de Santiago del Estero que no ha sufrido tala rasa de árboles. Y es por ello que sus quebrachales constituyen una de las pocas oportunidades actuales para conocer y apreciar el bosque chaqueño semejante a los que existían antes de que los hombres deseáramos más el progreso que a la vida.



sábado, 26 de septiembre de 2015

Parque Nacional Rio Pilcomayo, Formosa.



Siempre fui ridículamente inconstante con casi todo en mi vida, nada diría que me atrajo lo suficiente para mantenerme fascinada por mucho tiempo. Sin embargo algo se mantuvo intacto dentro de mis “inquietudes”: la búsqueda de la belleza.

La belleza, como ese algo puro que existe porque si,  sin pretensiones, exigencias o imposición de reglas;  como la reacción de completa satisfacción que se manifiesta, natural y espontáneamente, cuando experimentamos algo a través de los sentidos.  Es ese momento sublime donde te das cuenta que eso que estás viendo, tocando, oyendo, o sintiendo de alguna manera te estremece, te conmueve, te hace vibrar transformándose en liberadora alegría. 
Con los años, y algo de entrenamiento, el captar la belleza termina siendo algo tan involuntario como respirar, por lo que no es necesario grandes escenarios o situaciones para encontrarla. Lo mejor del paso del tiempo hasta ahora es que descubrí que la belleza no reside en las cosas sino en la sensibilidad del que la experimenta.


Formosa es una provincia que no suele ser destino elegido por la mayoría de los turistas en nuestro país, es un hecho factico irrefutable. Sin embargo, hay algo atractivo en sus paisajes que no se bien como describir; es como simple y exuberante a la vez, como algo que no pretende ser lo mejor en tu vida, y de alguna forma sin saber porque te conquista.




El Parque Nacional Río Pilcomayo, ubicado al noreste de la provincia, limitante en su parte norte con la República del Paraguay, es uno de esos lugares donde todo es tan quieto y calmo que ineludiblemente logras silenciar los fantasmas de la mente. Con su paisaje característico de extensos pastizales con palmares de caranday, de hasta 14 mts. de alto, que albergan isletas de montes y esteros con vegetación flotante.


De clima subtropical húmedo con estación seca y temperaturas que en el verano pueden superar los 40°, es recomendable para visitar en otoño o primavera. Como no es de fácil acceso hay que tener la precaución de corroborar las precipitaciones puesto que suele inundarse con grandes lluvias.

La variada fauna del área, común en gran parte del litoral argentino, incluye entre las más importantes a yacarés, la boa curiyú, el mono carayá, murciélagos pescadores, carpincho, aguara popé, coatí, tapir, puma, zorro de monte, lobito de río, ocelote y otras figuritas difíciles de encontrar como el tapir, el aguará guazú y el oso hormiguero grande. También hay más de 324 especies de aves, vinculadas con el ambiente de humedales, lo que llevo en 1992 a declararse como  sitio ramsar de alta importancia de conservación a nivel internacional.

Debido a su gran extensión y hay dos vías de acceso posibles, en donde pueden realizarse las siguientes actividades:
Área recreativa Estero Poí: ( de acceso intransitable en época de lluvias)
• 2 senderos pedestres autoguiados a través de folletería
• Sendero vehicular de 16 km.
• Torre mirador al Estero Catalina.
• Observatorio de aves del Bañado Pirity.
• Mirador al Río Pilcomayo.
Área recreativa Laguna Blanca:
• Muelles y torre de observación de la laguna.
• Sendero pedestre de interpretación.
• Vivero de árboles nativos.
• Se permiten actividades con embarcaciones sin motor.

En ambas áreas recreativas, Laguna Blanca y Estero Poí, hay parrillas, mesas y sillas para picnic y asados, sanitarios y un campamento con agua tratada (no potable), duchas, iluminación nocturna, botiquín, comunicación, vehículo para emergencias y asistencia de guardaparques. La infraestructura del lugar es muy buena para que puedan disfrutar los amantes de la naturaleza.

Desde Laguna Blanca se accede a pasarelas de madera que aproximan a los márgenes de la laguna, donde las posibilidades de avistar aves y sacar buenas fotos son grandes. También aquí es común ver yacarés que asoman, cautelosos, su hocico y sus ojos entre las aguas, o que están tomando sol entre la vegetación flotante de la laguna.

También hay un mangrullo que brinda una hermosa vista panorámica de la laguna y los ambientes que la circundan, como guajozales, totorales y las isletas de bosque que se presentan como manchas verdosas salpicadas de tanto en tanto por palmares de caranday. Según dicen es aconsejable ver, desde este lugar, los espectaculares atardeceres rojizos cuyas fotografías se difunden en folletos y publicaciones. Lamentablemente el día que fuimos estaba empecinadamente nublado por lo que me quede con las ganas de tomar mi propia postal de un atardecer perfecto.

En tal caso, con los años aprendí a disfrutar a pesar de, porque no existen ideales mas que el que nosotros mismos nos imponemos. Por lo que a pesar de la lluvia, o tal vez gracias a ella, ese día pude apreciar los verdes mas intensos y frescos, la sutilidad que da la luz pareja de un día nublado y sobre todo la ligereza que da avanzar sin ningún sentido prestablecido, teniendo como brújula lo que tus propios instintos desean.













lunes, 24 de agosto de 2015

Los Esteros del Ibera, Corrientes.


Las cosas pocas veces resultan como imaginamos en primera instancia. Sera porque siempre deseamos lo que no tenemos o porque en realidad lo único que nos impulsa irónicamente es sentirnos de alguna manera desilusionados. La verdad es que no lo sé, por lo general toda mi vida tuve más preguntas que respuestas, por lo que hoy no saber no es novedad; pero si hay algo distinto, no sé cómo describirlo, más bien es una forma suave y sutil de palpar la realidad, como que de pronto, después de tanto cachetazo, un día desperté y mi cerebro entendió que la sonrisa que pueda esbozar hoy no depende de si alcanzo o no alguna “zanahoria” nueva o si se vuelve realidad algún sueño imposible toda la vida; no nada de eso, la “felicidad” como que con los años se me volvió más simple y palpable, tan sutil que mi yo anterior jamás la hubiera percibido puesto que estaba distraída con cosas grandemente absurdas pero tan adosadas a mí que eran una verdad irrefutable.

Algunas de estas ideas y muchas más surgen cuando estas parado en medio de una pequeña embarcación en medio de la laguna Ibera hipnotizado con un majestuoso degrade de tonos  rojizos y anaranjados mientras que como suaves ecos se oye por doquier el canto de centenares de aves acoplados sinfónicamente. Y es que rodeado de un ambiente tan pacífico y a la vez salvaje los sentidos se agudizan al extremo y podes percibir cosas que en medio de la vorágine de la ciudad te pasan por al lado sin siquiera saberlo.

Los Esteros del Ibera, es una de las reservas naturales más importantes de la Argentina, si bien no es un parque nacional por temas políticos entre nación y provincia, este lugar tiene una gran riqueza natural, que vale la pena descubrir y sobre todo preservar.

Ubicada en la provincia de corrientes, los esteros comprenden un extenso humedal de dimensiones magnificas, en donde conviven 4000 especies diversas de animales en estado salvaje. Nunca tuve la oportunidad de ir a un zafari en África, por lo que no puedo hacer comparaciones, pero para los amantes del avistaje de fauna, Ibera es sin lugar a dudas la mejor opción dentro de Argentina.



Desde yacarés y carpinchos, que los vez cuan perros en la ciudad, a ciervos de pantano, aguara popes, tatus, zorros y zorrinos, monos carayas, gatos montes, corzuelas, vizcachas, boas, yararás, serpientes corales y cascabel, hasta yaguaretés y osos hormigueros, en peligro de extensión. Entre las aves fácilmente pueden encontrarse más de 350 distintas especies destacándose entre las más importantes el Cardenal amarillo, Chinchero grande, Cacholote castaño, leñatero, Crestudo, Curutie blanco, Monjita blanca, Angú, Halconcito colorado, Águila coronada , Capuchino canela-castaño-gris y pecho blanco, Coludo chico y grande, Tachuri canela, Yetapa de collar, Yetapa grande, monjita dominica, Jabirú , lavanderas, burritos, garzas moras, cigueñas y biguás.  



¿Te cansaste de leer? Te aseguro que no te cansas de mirarlos, estar ahí es como una gran fiesta donde expectante aguardas a los invitados que nunca terminan de llegar; no te dan los ojos para mirar tantos animales juntos.


Y esto no acaba aquí, porque más allá de los animales que vemos, debajo de la superficie, camuflados entre camalotes, amapolas de agua, achiras y juncos,  coexiste un gran ecosistema acuático en donde se destacan dorados, sábalos, mojarras y temidas pirañas. Por estas últimas es que no habitual ver personas nadar en la laguna, aunque algunos lugareños valientes, en los días de mucho calor, se animan a un chapuzón estratégico.

La laguna de Ibera, que en guaraní significa agua que brilla, resplandece durante la aurora y el atardecer. Esta peculiaridad se debe a la quietud propia de su sistema cerrado, sin corrientes fluviales, que se quiebra con la brisa producida por el cambio de temperatura entre la superficie terrestre y el agua de los esteros, provocando un movimiento superficial que refleja la luz solar crepuscular hipnotizando a quien pose sus ojos sobre ella.


Además de la increíble flora, fauna y de sus aguas destellantes, los Esteros esconden otro encanto, no menor para los bichos de ciudad como yo: Colonia Pellegrini. Esta pequeña localidad tiene la particularidad de estar rodeada por la laguna, esta condición de aislamiento le da un aura de tranquilidad pacifica sin igual, lo que combinado a su condición agreste lo transforma en un ambiente ideal para descansar y disfrutar con todos los sentidos. Calles de arena y ranchos de adobe, rodeados de exuberante vegetación. La gente saluda, aunque seas un extraño, y los vecinos se ayudan como un acto absolutamente natural. Al caer el sol aparecen como enjambres miles de luciérnagas que se funden con las estrellas, convirtiéndose en una invitación irresistible para aventurarse a una caminata; entre el silencio se escuchan los grillos que cada tanto se funden con las risas y cantos de niños y jóvenes que a pesar de la oscuridad andan por la calle sin temor; después del primer día, reconozco que creí estar inmersa en un lugar donde la “maldad” parecía no existir.

El turista tiene amplias opciones para alojarse, existen varios complejos turísticos en las más diversas gamas de precios y también de lujos. La mayoría ofrecen paquetes donde incluyen además de alojamiento algunas excursiones. Nobleza obliga recomendar a la Posada Yacaré, que tal vez no sea la más lujosa, pero ofrece una excelente relación precio-confort y es atendida por Renzo y su familia, quienes no mezquinan ni por un segundo en cordialidad y buena onda. Para comer las opciones son acotadas, dependiendo la época, pero todo el año se mantienen abiertos el comedor de “Don Marcos”, que ofrece platos del día muy sabroso y  el restaurant “Yacaru Pora” para los que les gustan contar con mayor opción de platos.

Las opciones para el turista son varias: paseos en canoa o lancha, avistaje de fauna, zafaris fotográficos, paseos nocturnos, alquiler de bicicletas y las cabalgatas más emocionantes por la laguna con Dardo, de Ñande Ru, que no solo ofrece un divertido paseo sino que además suma con su increíble carisma.



No es que exagere, pero realmente lo único negativo de mi visita por este lugar, fueron los mosquitos al atardecer que a pesar del repelente igual dan batalla. Por el resto debo reconocer que los Esteros del Ibera superaron ampliamente mis expectativas ponderándose en mi ranking personal como uno de los lugares más interesantes de Argentina.












miércoles, 8 de julio de 2015

Parque Nacional Baritu, Salta







Existen lugares que maravillan por su grandeza, otros que conmueven por su belleza y existen algunos que por una misteriosa razón te atrapan y se transforman en una peculiar travesía. El parque nacional Baritu es uno de estos lugares donde sus densas yungas sepultadas entre las nubes se combina con lo indómito, puro y virgen que brinda el aislamiento convierto a este paraíso natural en una joya anónima de la Argentina.

Ubicado al noroeste de la provincia de Salta, en la frontera con Bolivia, este parque tiene la particularidad de tener su acceso a través de territorio boliviano. Para llegar hasta allí, partiendo desde San Ramón de la Nueva Oran por la RN 50 se llega al puesto fronterizo de Aguas Blancas; tras los trámites migratorios y aduaneros, se sigue por un sinuoso y pintoresco tramo de la ruta Panamericana hasta La Momora, donde un puente sobre el rio Bermejo permite reingresar a la Argentina y llegar a la localidad de Los Toldos, donde se encuentra la oficina de Parques Nacionales.



Los Toldos es un poblado pequeño, de apenas 800 habitantes aproximadamente, donde aún se conservan la pureza, calidez y amabilidad en el trato; los vecinos no solo se conocen sino que cooperan entre sí en el día a día. Parecían ser de ese tipo de personas que mantienen las cosas simples, sus necesidades muy concretas y reales; o al menos eso pensé yo extrapolando a cómo vivimos en las grandes urbes en donde, por lo general, nos aferrarnos a necesidades que en realidad no son propias y que al conquistarlas no terminan de satisfacernos jamás. Más allá de mi momento de reflexión filosófica, a nivel turístico es importante saber que aquí hay cabañas, hospedajes y proveedurías; aunque no hay estación de servicio por lo que es importante recargar combustible antes de cruzar la frontera.



La aventura continua puesto que desde Los Toldos hasta la puerta de entrada al parque hay unos 27km de camino de tierra que dependiendo las lluvias puede tornarse intransitable. Es por esto que la época recomendada para visitar este parque es de Junio a Noviembre. En nuestro caso fuimos con vehículo 4x4 y en varias oportunidades quedamos atascados en algunas huellas que con un poco de paciencia e ingenio pudimos superar.
Pero no desesperen, todas estas peripecias tienen sus recompensas cuando se llega un tramo de terreno alto y despejado de vegetación, en donde se atraviesan espesas nubes y tras algunos segundos de no ver nada, al final como una obra de teatro, se abre el telón y se visualiza una bastedad inimaginable de selvas, en distintas alturas, todas exuberantes de vegetación en diversas tonalidades de verdes; realmente es una secuencia maravillosa.
El Parque se encuentra limitado por cordones montañosos de más de 2.000 msnm como el Cerro de las Pavas y el Cerro Negro.  De los numerosos cursos de agua que lo surcan se destacan el río Lipeo, en el norte, y los ríos Porongal y Pescado que desaguan en el río Bermejo. Aquí se resguardan las selvas de montaña, destacándose la presencia de un helecho arborescente y la maroma, que puede germinar sobre otro árbol, viviendo epífito sus primeros años de vida mientras emite raíces hacia el suelo. Una vez afirmada en la tierra, la maroma crece velozmente rodeando con su tronco al árbol que le da sustento, llegando con frecuencia a matarlo. Los cedros salteños de valiosísima madera, alcanzan aquí tamaños imponentes.
La fauna es muy variada y aparecen especies como el mono caí, el lobito de río, el ocelote o gato onza, el tapir, el yaguareté, el puma, el hurón, el pecarí labiado, el mayuato u osito lavador, la corzuela, el tapir, en las márgenes de cursos de agua el carpincho y muchos otros. Respecto de las aves se destacan el cóndor y el jote de cabeza colorada y el de cabeza negra. También son característicos el tucán grande, variedad de colibríes, loros y la urraca.


Dentro del parque no hay demasiada infraestructura, solo un camping agreste para los más aventureros. Cuenta con varios senderos para recorrerlo:



- El Lipeo- Abra de Minas-Baritu: Parte desde la comunidad de El Lipeo a 1140msnm por el camino vehicular, pasa por “el cedral” y el punto panorámico “Abra de Minas”, el sitio más alto del recorrido a 1770msnm. Luego continuando se llega a la comunidad de baritu a 1600msnm. Dificultad: Alta, Duración: 10hs
- El Cedral de Abra de Minas: Recorrido de 8km hasta el ingreso. El sendero de 200mts recorre un sector con árboles de imponente envergadura. Dificultad: Alta, Duración: 6hs
- El Lipeo- Las Termas del Cayotal: Se realiza a pie siguiendo na senda que bordea el rio Lipeo, pasa por el desvío a “la Junta” y a partir de allí atraviesa el límite del parque; luego de 20 min se accede a las aguas termales. Dificultad: Media. Duración: 4hs.
- El Lipeo-Las Juntas: Caminata que bordea el rio Lipeo y llega hasta la unión de los ríos San José y Cayotal. Recomendada para la observación de aves. Dificultad: Baja. Duración: 2hs.
- Sendero cultural El Molejón: Comienza a 100 mts. de la oficina de parques y permite acceder a un molino de piedra, utilizado antiguamente por la comunidad para la molienda de maíz. Dificultad: Baja. Duración: 1,30hs.

Baritu con su naturaleza exuberante y sus horizontes perdidos en la densidad de la bruma es una de esas bellezas difícil de olvidar, porque no pretenden ser mas de lo que son y sin embargo nos dejan esa sensación de que si tuviéramos algo mas de tiempo en ella podríamos descubrir mucho mas.