
Dicen que la curiosidad mato al
gato… y acá estoy yo, con el fin de saciar mi curiosidad y cumplir mi designio
en uno de los lugares más inhóspitos, solitarios y hasta te podría decir “sosos”
turísticamente hablando que vi en
Argentina. Sé que no te estoy tentando para que sigas leyendo y menos para que
vayas a conocerlo, pero honestamente este lugar no está hecho para el turismo
bajo ningún concepto.

Por su clima subtropical cálido
con estación seca y gran amplitud térmica no es recomendable visitar en verano,
puesto que las temperaturas máximas en esta época pueden llegar a superar los
50°. A estas altas temperaturas y las lluvias estacionarias, se le suma que
esta área carece totalmente de cursos de agua, por lo que es un ambiente extremamente
seco.

Copo podría describirse como una
interminable extensión de pastizales bajos, entrecortada por montes y bosques
silvestres, incluyendo también algunas especies de cactáceas y otros arbustos
ralos. En lo acotado de su recorrido es difícil poder observar algún animal, y
la quietud del lugar irónicamente puede resultar apabullante. Que tiene de
atractivo entonces, te estarás preguntando?
Para mí lo es su historia. Anteriormente
los quebrachales ocupaban cerca de diez millones de hectáreas, el 83,5% de las
tierras santiagueñas. Hoy, sin exagerar, más de la mitad de ese patrimonio
forestal ha sido destruido, y el estado de la mitad restante se encuentra en
distintas condiciones de uso y aprovechamiento.

Las distintas etapas de
desarrollo poblacional y económico del país, hicieron que los territorios
vírgenes del bosque santiagueño fuesen talados y quemados, con el fin de
asentar nuevas poblaciones y adaptar las tierras para la agricultura y la
ganadería. Así la desmesurada extracción combinada con la acción del ganado,
provocaron el casi irreversible empobrecimiento de los bosques silvestres, que
no pueden regenerarse de forma natural.
Las paradojas del desarrollo: mientras
que el ferrocarril y la ganadería surgían como una fuente de progreso, por otro
lado la riqueza natural se vio disminuida perdiendo miles de hectáreas de bosques
y con ellas los beneficios que la naturaleza aporta necesariamente para hacer
posible nuestra vida.
Hoy, el Parque Nacional Copo es
el único lugar de Santiago del Estero que no ha sufrido tala rasa de árboles. Y
es por ello que sus quebrachales constituyen una de las pocas oportunidades
actuales para conocer y apreciar el bosque chaqueño semejante a los que
existían antes de que los hombres deseáramos más el progreso que a la vida.