Nunca deja de sorprenderme como la naturaleza humana puede llegar a ser
tan errática e incomprensible y al mismo
tiempo contener tanta sabiduría; será que inexorablemente todo absolutamente
nace, muere y se transforma, inclusive nuestros propios pensamientos, en busca
de una irrevocable evolución. Sí, es un pensamiento bastante complejo para un
simple blog de viajes; lo se querido lector, pero es que la naturaleza todo el
tiempo te expone a escenas, imágenes y sensaciones que te invitan a divagar y
cuestionar las leyes de lo convencionalmente establecido. Es así es como
llegamos al atrapante “espectáculo” de la supervivencia, donde el cazador y la
presa, fieles a su instinto, me mantuvieron a mí y a centenares de personas de
todo el mundo absortos durante más de dos horas en las costas de Península de
Valdés.
Ubicada al nordeste de la provincia de Chubut, cerca de la ciudad de
Puerto Madryn, esta región de forma casi triangular, se conecta con el
continente a través del istmo Carlos Ameghino. Ya el simple hecho de recorrer
este trayecto es algo extraordinario, puesto que tanto a la derecha como a la
izquierda lo único que ves es como el mar azul acecha la tierra con el ímpetu incansable
de dos mitades que solo ansían tocarse una vez más. Este camino de 25km, con
suelo árido, y rodeado por los Golfos Nuevo y San José, finalmente desemboca en
las salinas más profundas de Sudamérica dando lugar a uno de los escenarios de
mayor riqueza marina del mundo.
La Península de Valdés, fue nombrada Patrimonio Natural de la Humanidad
en 1999 por la Unesco. La fauna marina, abundante y variada, es uno de los
principales atractivos de la zona. Elegida por la ballena franca austral para
su reproducción y alumbramiento, todos los años, de junio a diciembre, pueden
observarse a estos increíbles gigantes; las orcas llegan frecuentemente entre
febrero y mayo a las playas, y los delfines y toninas se pueden admirar en
cualquier estación. A lo largo de los 200Km de costa, se hallan alrededor de
40000 elefantes marinos, constituyendo así la única colonia de este tipo en la
que se puede acceder por tierra sin considerar la Antártida; lobos marinos con
sus harenes, y pingüinos de Magallanes, los cuales placidos y tranquilos
conviven entre sí. Si bien suelen están
en manada, no es raro observar como algún pingüino perdido pasea entre los
lobos sin ninguna preocupación.
Entre las aves, aparte de los pingüinos, se destacan las gaviotas,
caranchos, chimangos, cormoranes y anátidos. Que pueden verse a lo largo de
toda la costa, pero especialmente en La Isla de Pájaros. Por ultimo como
compañeros inquebrantables de toda la travesía, a lo largo del recorrido,
adaptados al ambiente estepario se pueden observar maras, guanacos, zorros
grises, choiques patagónicos, zorrinos, y armadillos.
En el recorrido de 75Km por la península se puede visitar Puerto Pirámide,
donde es posible realizar varias actividades de aventura y avistaje de fauna
embarcados (ballenas de Junio a Diciembre y lobos marinos en verano).
Punta
Delgada, en el extremo sur, donde se puede observar un apostadero de elefantes
marinos. Caleta Valdés, donde desde miradores escalonados ubicados en el
acantilado puede disfrutarse del avistaje de elefantes marinos y de un sendero
de interpretación que llega a la boca de la caleta. Solo a 2Km de este lugar se
pueden apreciar, de septiembre a marzo, una colonia de pingüinos Magallanes.
Por último, Punta Norte, donde no solo se pueden observar lobos y elefantes
marinos, sino que también, si es que la marea alta acompaña entre los meses de
octubre a abril, pueden avistarse orcas que aprovechan las características de
la playa para realizar los varamientos intencionales y alimentarse de la crías
de lobos y elefantes marinos.
Ese día tuvimos la suerte de llegar en el momento adecuado, era un poco
más de media mañana, cuando el guarda parque nos informa que si íbamos
directamente hacia Punta Norte llegaríamos al mediodía, donde por cómo estaba
la marea seguro veríamos orcas. Fuimos hacia allí directamente, y al llegar la
costa estaba repleta de turistas y fotógrafos encandilados con tan emocionante
paisaje.
Nos abrimos espacio entre la muchedumbre, recuerdo luchar internamente entre disfrutar aquella maravilla y sacar las mejores fotos, todo esto rodeada de impresionantes y grandes teleobjetivos. De repente cualquier pensamiento se esfumo y solo podía seguir con la mirada apasionadamente la secuencia de una orca al acecho de un lobo marino que ingresaba al mar, era increíble admirar como los lobos, aun sintiendo la presencia de las orcas que los seguían de cerca, igualmente salían de las costas seguras para introducirse en el agua, como si en el fondo, a pesar de la posible muerte que los aguardara, algo dentro los impulsara a nadar. No demostraban miedo alguno, solo coqueteaban con el agua, dejando ver solo algún indicio de inquietud y aceleración, cuando detectaban que las orcas los corrían a gran velocidad. Algunos nadaban solos, otros en pequeños grupos, otros directamente se asoleaban desde la costa, pero ninguno mostraba ningún rastro de pavor. Sentía la adrenalina correr por mis venas, por un lado no dejaba de sentirme cautivada por la idea de presenciar la caza y por el otro rogaba que ningún lobo muriera. Supongo que no podemos luchar con lo inevitable, las contradicciones no son más que un reflejo de la dualidad de todas las cosas, para que exista la vida debe existir la muerte, y para que existan emociones y aprendizaje es que todo tiene su finalidad, aunque a priori no lo veamos. Después de todo, lo que experimentamos y aprendemos es lo único que podemos llevarnos de esta vida
Al terminar el día, emprendimos el viaje de regreso hacia Puerto Madryn,
para descansar después de un día repleto de emociones, y como quien encuentra
una perla en el mar, la ciudad nos regaló esta bella postal.